sábado, 29 de agosto de 2009

Anhelo...



¿De qué se trata tu amor?
¿ternura?
¿dulzura?
¿pasión?
¿qué esperas de mi?

Me gustaría decir que soy perfecto,
sincero,
tu héroe,
tu vida
o por lo menos la mía.

Me encantaría hacerte feliz,
mía,
solo mía,
mi vida
o por lo menos parte de ella.

Quisiera poder dejar de ser tan tuyo,
tan dependiente de tus ojos,
de tu sonrisa,
de tu cariño
o de lo que sospecho es cariño.

Deseo una luna nueva en mi cielo,
en tu cielo,
es mis manos
y en las tuyas
y en cada suspiro que florece en tu nombre.

viernes, 21 de agosto de 2009

Llegan algunas libélulas a acompañarme

Gracias por el abrazo, gracias por la confianza, gracias porque me quieres como me quieres, gracias por no quererme como yo quiero.



Hoy bajaron tus manos a mirarme
y me sentí especial de mil maneras,
me devolviste la esperanza sin amarme
y yo la quiero a pesar de pasajera.

No quiero escribir más porque no entiendo
si debo o no pensarte con el alma
si debo o no quererte con más calma
o dejar mi amor callado por más tiempo.

No quiero escribir más pues me ilusiona
y es tanta la alegría que yo grito
y es tanto el desamor que ya no existo
cuando tu risa nuevamente me abandona.

No quiero escribir más porque me daña
aquel tibio caminar de tu cariño
intempestivo y calmo como un río
que sin calidez ni frío hoy me baña.

No quiero escribir más pues me fractura
robar tu candidez por un segundo
besar tus bellos labios en mi mundo
y dejarte un poema en la cintura.

Y quiero sentir más aunque no duerma
y quiero ser más por ti, te lo confieso
a pesar de que del amor no salga ileso
por más que mi espera se haga eterna.

Princesa, quiero caminar como dos niños
pisando anaranjadas flores carcajeando
e ir con uno de tus rizos dibujando
el dulce palpitar de mi cariño.



miércoles, 19 de agosto de 2009

Sin libélulas al final del túnel


Sin poesía, sin verso, es lo más crudo y sincero que he sentido. Así lo escribo:


De camino a tus brazos, hoy lloré en silencio,
caminé como quien va a su última morada
y no es que me hayas hecho algo, no, nada,
solo que me contaste que ya tienes novio.

¿Escuchaste aquel quebrar de un corazón?
no era el mío, no se quebró, cayó en pedazos
quedó hecho polvo, no pude contar los trozos
para qué contarlos si ya no hay razón.

¿Es preciso entonces decirte que te quiero
y que eres tú en quien apoyo mis sentimientos
y que eres tú la dueña de mis pensamientos
y que eres la mujer con la que sueño?

O ¿es mejor callar y vivir con un nudo en las palabras?
pues a pesar de que todo lo que hago en mi vida es cierto
necesitaré una manta de mentiras para cubrir lo que siento
ya no sé que hacer, yo te pienso y tú no me amas.

Todavía quiero escuchar tu voz sincera,
aún espero caminar tomados de las manos,
los inviernos pasarlos los dos acurrucados,
velar por ti en verano, otoño y primavera.
y reír tiernamente con mis chistes malos.
En esta época de soledad y extraños ratos
la esperanza se va más de lo que llega
y aunque alguien bese ahora esos delicados labios,
por más que ya no quiera que sigamos siendo amigos
y aunque se haga más larga y cruel esta espera
sé que vales la pena y por ti, la vida entera.


jueves, 13 de agosto de 2009

Deudas vaticinadas...


Me debes cien suspiros por cada hora
me debes 1000 lágrimas que no derramé
también me debes cada día que no pensé en ti
además de un sentimiento que derroché y aquella mueca que aprendí a tu lado.

Aumenta a tu cuenta ese día que soñé contigo
también las uñas que ya no están
esos nervios que desaparecieron
y los miedos que te ayudé a espantar



Me debes aún una llamada renovadora
una palabra de aliento y una nueva ilusión
me debes un papelón absurdo, que quisiera vivir contigo
me debes la cinta que necesito para pegar mi corazón

Me debes la taquicardia de ver tus fotos
me debes el fuego con el que las quemé
y aquellas cosas que me regalaste me las debes también

La compañía en los momentos difíciles ... esa no te la cobraré
pero me debes tu huida y tus ojos que no quiero mirar
me debes el amor que ya no siento y los besos que no te di
y esos besos que regalaste cuando yo aún pensaba en ti.

Carta desesperada a medianoche



A casi un mes de tu partida, me dispongo, un poco alocado y melancólico, bastante más gordo y menos pensativo, a escribirte.

Una tarde como cualquiera, fría, gris y descontenta, te conocí. Tan dolida, tan sufrida, tan linda y arreglada. Tan parecida a mí en sentimientos.

Solíamos hablar de nosotros, de tú con el, de ella y yo, del dolor, del desamor. De todo lo que nos unió, de las palabras sobre el hombro y de las luces bajo el sol. De un suspiro atrapado entre tus ojos y de una sonrisa agotada por la necesidad de llorar. Tú hablabas de mi amor, yo quería un consuelo. Aquellas tertulias desfallecían bajo la sombra de un futuro incierto. Tú confundida, yo no tan despierto. Estaba tan vacío y fuera de la realidad que no comprendía que podía querer una vez más.

Ahora lo entiendo, ahora que la distancia nos une, ahora que ya te has ido. No es tarde, lo sé, pero tu norte ya no es el mismo, tus ojos buscan ya nuevos aromas. Tu piel desea otra piel.

Deseo encontrar una tarde tranquila y entender qué pasó. Pensar en cada segundo que pasé contigo y reconocer en esos casi dos meses intensos que vivimos, cómo acabó así.

Ahora, solo me queda ser tuyo en mis sueños, besar tus labios en mis poemas y caminar a tu lado, de la mano, solo en pensamientos.

¿Recuerdas la última vez que nos vimos?

Espero que sí.

Te extraño.

Te veré todos los martes después de las ocho, antes de dormir, durante un descanso.

Mil besos.